Mostrando entradas con la etiqueta virtud. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta virtud. Mostrar todas las entradas

Virtudes Cardinales: la Fortaleza

Hemos visto en este blog las virtudes cardinales de la Prudencia y de la Justicia, le toca ahora el turno a la FORTALEZA.
La Fortaleza en la virtud moral que asegura en las dificultades la firmeza y la constancia en la búsqueda del bien. Reafirma la resolución de resistir a las tentaciones y de superar los obstáculos en la vida moral. La virtud de la fortaleza hace capaz de vencer el temor, incluso la muerte, y de hacer frente a las pruebas y a las persecuciones. Capacita para ir hasta la renuncia y el sacrificio de la propia vida por defender una causa justa. "Mi fuerza y mi cántico es el Señor" (Sal 118,14). "En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: Yo he vencido al mundo" (Jn 16,33).
Como vemos es una virtud fundamental, y de la que se adolece hoy en día. No es bueno el querer evitar a nuestros hijos/alumnos las dificultades, ni "ayudarles" quitándoles los obstáculos.
La verdadera educación, debe incluir la dimensión del esfuerzo, adecuada a la edad y naturaleza de cada uno.

Las Virtudes Cardinales (II) La Justicia

La justicia es la virtud moral que consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que le es debido. La justicia para con Dios es llamada "la virtud de la religión". Para con los hombres, la justicia dispone a respetar los derechos de cada uno y a establecer en la relaciones humanas la armonía que promueve la equidad respecto a las personas y al bien común.
El hombre justo no sólo se halla dispuesto para conceder a otro lo que a este le corresponde, sino que quiere dárselo y se alegra haciéndolo. Busca no sólo el derecho del prójimo sino también el bien común de la sociedad.
La educación en la justicia presupone la apertura de cada persona a la dimensión social de la vida humana, el reconocimiento y respeto por el prójimo, la valoración, acogida y respeto por los bienes del otro, el servicio desinteresado y el ofrecimiento de sus talentos para edificación común.
El colegio, la familia, deben ser lugares donde se viva la justicia con naturalidad y se antepongan las exigencias generales a los intereses particulares. La persona que tiene esta virtud, respeta y quiere las leyes de la sociedad en que vive como necesarias para el orden de la comunidad.

¿Un agnóstico puede practicar la virtud?

La virtud es la disposición habitual y firme en hacer el bien. Distingamos entre virtudes naturales (honestidad, sinceridad, generosidad...) y teologales (FE, ESPERANZA, CARIDAD). Las virtudes teologales exigen la gracia especial de Dios, en este sentido una persona que no está en gracia no puede vivirlas, aunque pueda tenerlas como un "valor".
En cambio las virtudes naturales, pueden ser vividas por todos los hombres. Por su misma naturaleza, cualquier persona puede vivir virtuosamente, aun sin hacer una referencia directa a Dios. Aristóteles, con el sólo uso de su razón, fue capaz de llegar a descubrir el valor de la virtud y a explicar el camino para ser virtuoso: la educación.
En sentido pleno, no se entiende a la creatura sin su Creador, ni se puede hacer el bien sin la gracia de Dios.
Durante la Revolución Francesa, se quiso "obligar" a los ciudadanos a dar "valor" a "la religión laica de la diosa razón", y a vivir la "fe laica". El fracaso fue estrepitoso. Hoy en día me pregunto, si no está pasando algo parecido.

Las Virtudes Cardinales (I) La Prudencia

De todas las virtudes, hay cuatro que desempeñan un papel fundamental. Por eso se las llama ‘cardinales’; todas las demás se agrupan en torno a ellas. Estas son la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza.
‘¿Amas la justicia? Las virtudes son el fruto de sus esfuerzos, pues ella enseña la templanza y la prudencia, la justicia y la fortaleza’ (Sb 8, 7). Bajo otros nombres, estas virtudes son alabadas en numerosos pasajes de la Escritura. La prudencia es la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo. ‘El hombre cauto medita sus pasos’ (Pr 14, 15). ‘Sed sensatos y sobrios para daros a la oración’ (1 Pe 4, 7).
La prudencia es la ‘regla recta de la acción’, escribe santo Tomás (s. th. 2-2, 47, 2), siguiendo a Aristóteles. No se confunde ni con la timidez o el temor, ni con la doblez o la disimulación. Es llamada ‘auriga virtutum’: conduce las otras virtudes indicándoles regla y medida.
Es la prudencia quien guía directamente el juicio de conciencia. El hombre prudente decide y ordena su conducta según este juicio. Gracias a esta virtud aplicamos sin error los principios morales a los casos particulares y superamos las dudas sobre el bien que debemos hacer y el mal que debemos evitar.
En educación es fundamental la prudencia. El educador debe ser prudente y formar en la prudencia, que recordemos no es el "tener cuidado, no meterse en líos...". Al contrario, una persona prudente debe ser audaz, valiente para defender la Verdad y adherirse al Bien.
Para saber más leer el Catecismo de la Iglesia Católica